El Camino Ignaciano

A iniciativa e impulso de la Compañía de Jesús, un pequeño grupo de laicos y jesuitas nos hemos lanzado a recrear el camino que el caballero Ignacio de Loyola recorrió en 1522 desde Loyola hasta la ciudad de Manresa. Nuestro objetivo es ofrecer una experiencia de peregrinación a los hombres y mujeres del siglo XXI, siguiendo el proceso espiritual de aquel hombre extraordinario.

Los peregrinos son buscadores de tesoros. Lo mismo que los que van tras el oro. Se ponen en marcha empujados por la sed de encontrar. No les basta con llegar al final del recorrido. Lo que buscan no es algo material sino el perdón o la reconciliación, una nueva orientación o rumbo de su vida, confirmar alguna decisión tomada, poner tierra de por medio respecto a alguien o algo, descubrir o trabajar la propia identidad, fijarse metas personales… El peregrino, hombre o mujer, se siente insatisfecho e intuye que, de alguna forma, va a encontrar una solución a su descontento… poniéndose en camino. El peregrino de hoy suele huir del “espejismo consumista”, entendido como una búsqueda permanente del placer, del disfrute, de la acumulación sin apenas reflexión, sin caer en la cuenta de sus consecuencias.

Se conoce como “Camino Ignaciano” el descrito en esta guía, desde la casa natal de Ignacio en Loyola (un torre-palacio de Azpeitia, en el País Vasco) hasta lo que se conoce como la “Cova de San Ignacio” en la ciudad de Manresa (cerca del Monasterio de Montserrat, en Cataluña). Después de su conversión espiritual en Loyola, Ignacio sintió el deseo ardiente de seguir a Jesucristo, como lo habían hecho ya muchos otros, y abandonó la vida que hasta entonces había llevado como hijo de una familia de nobles.

Ignacio decidió ir “contracorriente” y se puso en camino hacia Jerusalén, siguiendo el Camino Real, que le llevaría a Barcelona. De allí pensaba salir en barco para proseguir su peregrinación a Tierra Santa.